En el 2008 me encontraba en el ultimo año de colegio y me consideraba afortunada por que tenía claro que la música era lo que quería para mi futuro y sabía de un lugar donde esto se podría materializar, el Departamento de Música de la Universidad EAFIT.
Me preparé para el examen de guitarra clásica, que era lo que hacia algunos años estaba estudiando, y para el 2009 me encontré estudiando lo que tanto había deseado. Las clases, profesores, materias y la Universidad superaron mis expectativas y me moldearon profundamente.
El primer año fue un abrir de ojos, una mirada general a lo que podía ser, y aunque estaba contenta y tranquila con mi elección de énfasis, el mundo que se abría ante mis ojos con las otras materias me generaba una curiosidad que no sentía con el instrumento. Las materias teóricas empezaron a interesarme de forma diferente y me dí cuenta que el deseo por saber el porqué de las cosas, por buscar un entendimiento mas profundo del quehacer del instrumentista, por comprender la humanidad tras la partitura, el intelecto bajo un pentagrama y la historia de una línea melódica, necesitaba ser satisfecho sin darle más espera. Ya eran dos años desde que había entrado a la Universidad.
Desafortunadamente esta necesidad vino con grandes dudas y dilemas. El cambio representaba un reto, enfrentarse a un terreno desconocido y ya avanzado el camino, un desligamiento con el apéndice en el que se había convertido la guitarra, una disposición a una nueva disciplina, incluso un nuevo profesor. Sobre todas las cosas, le temía a lo desconocido, ¿Quién me aseguraba que ésto sí iba a colmar mi necesidad? ¿Qué sí iba a funcionar para mí?
Pero el potencial que yo veía de renovarme y de encontrar mas satisfacción en este nuevo énfasis me impulsaron a hacer el cambio para composición. La preparación fue exigente, intelectual y emocionalmente, pero cuando supe que había pasado y que la posibilidad estaba a mis pies, toda duda se esfumó. Esa sensación de satisfacción mezclada con un reto constante y revitalizante ahora se reafirma cada ocho días en mi clase de énfasis y es la que me asegura que tomé la decisión ideal.
Maria Clara Salinas Alzate
Estudiante de Composición